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Es la una y cuarto de la madrugada. Acabo de llegar a casa. Tengo la piel de gallina. El corazón aún me late desbocado. En mis oídos siguen sonando los acordes de los solos de guitarra que se marcó Pablo García, la vibrante voz de Víctor García y los coros que todos nosotros les hacíamos. No soy una experta en música, ni quiero serlo, pero sé lo que me gusta. No tengo potestad para decir si la actuación de esta noche ha sido buena o mala. Sólo puedo asegurar que me ha encantado. Esta es la primera vez que he asistido a un concierto en una sala y la diferencia con los que se dan al aire libre es inmensa. Sientes cerca, ¡cerca es decir poco!, a los integrantes del grupo, puedes bañarte hasta en su sudor si estás en la primera o la segunda fila. Es posible que hasta en la tercera teniendo en cuenta como movía la melena el cantante, ¡qué giros de cabeza, ya quisiera para sí la niña del exorcista!
WarCry ha llegado también a esta esquinita del norte con su Tour Revolución para presentar su último disco de estudio, Revolución en la Sala Capitol, en Santiago de Compostela. Como no soy una experta no entraré en detalles técnicos de los cuales no sé nada. Como fan puedo decir que no todas las canciones de este último trabajo me transmiten emociones con la misma intensidad, pero la mayor parte de ellas son muy pegadizas. Da prueba de ello que me he pasado la semana tarareándolas por los pasillos de la facultad hasta que mis propias amigas me pedían que por favor me callara. Por supuesto el grupo no se dejó los viejos éxitos en Asturias, y así pudimos escuchar en directo Guardián de Troya, Tú mismo, Capitán Lawrence, Alejandro, Contra el viento, Luz del Norte, Señor, La vieja Guardia, Ulises, Un poco de fe, Espíritu de amor o Nuevo Mundo . Como colofón nos pusieron los pelos de punta con Nana, tocada simplemente por Pablo García en guitarra española. Para cerrar la visita a Santiago todos nos despedimos con un Hoy gano yo en el que no podían faltar nuestros gritos asegurando a quien quisiera oírlo que el heavy sigue vivo.
La experiencia de ir sola a un concierto de este tipo no me ha dejado indiferente tampoco. Ha sido algo totalmente nuevo y, en parte, desconcertante. Si bien es cierto que había gente que iba en parejas de dos en dos casi todo el mundo acudió en grupos de más de cuatro o cinco personas. La media de edad no era muy elevada, lo raro era ver a mayores de treinta, pero alguno había que ya peinaba unas canas y que saltaba como el más joven. Lo cierto es que, aunque quiera negarlo, la estética es un punto importante a tener en cuenta. Yo, que me había vestido con mis mejores galas heavymetaleras (que no es para tanto, de verdad. Chaqueta negra, botas y pantalones anchos con cientos de bolsillos y hebillas) era una chiquilla descafeinada si se me comparaba con algunas de las chicas que allí había, más de las que esperaba, por cierto. Los pinchos, las faldas de cuero, las medias de rejilla, los manguitos también de rejilla, y los tonos negros eran lo usual. No olvido, claro está, las camisetas del grupo, que habitualmente se luce con unos logos muy currados. Ahora que lo medito tumbada en la cama, no tengo muy claro si la ropa que llevas implica qué música te gusta. A mi eso se me olvidó al poco de llegar, y es que pasados los diez primeros minutos en los que sentía que no encajaba allí, mis pintas ya no importaban. Era la música lo único a lo que merecía la pena prestar atención. Música que aún late en mis oídos y resuena en mi pecho.
Alguien que me dobla en edad profetizó que lo que de verdad merece la pena en esta vida es probablemente lo más difícil de conseguir.
No sé si es verdad o mentira, pero el camino para llegar hasta aquí me ha dado ya más alegrías que disgustos. Eso es una buena señal, el anuncio de una oportunidad que no pienso dejar pasar.
Me ha dejado mi novio. Así, de repente, tras cinco años de feliz relación. Sin avisar, sin posibilidades de prevenir el hecho y por lo tanto crear un plan B lo suficientemente bueno como para salir a flote. ¿Qué hago ahora?¿Dónde guardo todo aquello que durante cinco años construímos juntos? Y peor aún, ¿Cómo logro hacer desaparecer a esta persona de mis recuerdos?
Ahora puedo hacer que superar la ruptura no sea más que un trámite médico. Lacuna Inc. es la novedosa compañía que se encargará del trabajo más sucio mientras yo simplemente sigo con mi vida. ¿Sencillo no?. Tan solo tengo que estar dispuesta a pasar por un tratamiento que equivale a pequeñas lesiones cerebrales y voilá, he olvidado al amor de mi vida.
Por suerte nadie ha terminado una relación conmigo y Lacuna Inc. solo existe como parte de una película. Y digo por suerte porque sin nuestras memorias y recuerdos no seríamos quien hoy somos, o por lo menos no sabríamos porqué hemos llegado hasta aquí.
En Eternal Sunshine of the spotless mind (traducida como ¡Olvídate de mi!) Kate Winslet y Jim Carrey ponen los diálogos a la común situación en la cual queremos olvidarnos de todo pasado, haya sido mejor o no. Así es como por turnos acuden a una desconcertante compañía médica que tiene como ocupación principal deshacerse de los recuerdos de las personas. Unos impulsos eléctricos aquí y allá en el cerebro y uno ya no vuelve a saber nunca más de su mujer, de su perro o de su hijo. Los recuerdos mentales desaparecen pero también lo hacen los físicos. A medida que avanza el tratamiento uno se deshace de todo aquello relacionado con el pasado e incluso los amigos reciben una orden inexcusable de no decir al afectado que está realizando este cambio en su vida.
El problema surge cuando uno realmente no quiere olvidar ese pasado y se da cuenta demasiado tarde de que todo está siendo consumido por un agujero negro. ¿Qué hacer en ese caso?¿Cómo recuperar, por lo menos en nuestra memoria, a la persona que tanto amamos? De una manera aún más surrealista que el propio planteamiento de la película Joel Barish (Jim Carrey) y Clementine Kruczynski (Kate Winslet) nos recuerdan que muchas veces la voluntad de aferrarse a alguien, o a su recuerdo, de manera consciente o no, es mucho más poderosa que las circunstancias.
Ficha Técnica (La Butaca)
Dirección: Michel Gondry.
País: Estados Unidos.
Año: 2004.
Duración: 108 min.
Género: Comedia romántica.
Interpretación:
Jim Carrey (Joel Barish), Kate Winslet (Clementine Kruczynski), Kirsten
Dunst (Mary Svevo), Mark Ruffalo (Stan), Elijah Wood (Patrick), Tom
Wilkinson (Dr. Howard Mierzwiak), Thomas Jay Ryan (Frank), Jane Adams
(Carrie), David Cross (Rob), Ryan Whitney (Joel joven), Lola Daehler
(Clementine joven).
Guión: Charlie Kaufman; basado nun argumento de Michel Gondry, Charlie Kaufman e Pierre Bismuth.
Producción: Steve Golin y Anthony Bregman.
Música: Jon Brion.
Fotografía: Ellen Kuras.
Montaxe: Valdís Óskarsdóttir
Diseño de producción: Dan Leigh.
Dirección artística: David Stein.
Vestuario: Melissa Toth.
Hoy en día cualquier persona que disponga de una cámara digital (que habitualmente también graba videos) y de un ordenador con conexión a internet puede publicar noticias. Son muchos los bloggers que se dedican a dar testimonio de lo que los rodea, añadiendo documentos gráficos de los hechos. El derecho a la libre información es una cuestión de vital importancia que no se ve respetada en numerosos países, por lo cual es importante la concienciación del ciudadano medio sobre la realidad que nos rodea. En momentos en que la prensa tradicional (entendida como los medios de comunicación de cada país) no es quien de hacer valer este derecho por diferentes motivos, es innegable el valor de la información que nos acerca el ciudadano.
Pero, ¿existe alguna capacitación mínima que deba tener aquel que desea informar?¿Dónde quedan los periodistas "de siempre"?¿Debería haber alguna diferencia entre quien tiene el título, y la profesión, de periodista y quien sale de su casa y casi por azar graba un accidente, una ola gigantesca o un ataque a un mendigo?. Sin creer padecer de titulitis,
considero que hacerte eco de un acontecimiento y colgarlo en tu blog no te convierte por si mismo en periodista. Y es que puedes haberte perdido el principio del hecho, o entenderlo de forma distinta a como ha sucedido, y lo que cuelgues en la red será lo que los demás crean que ha pasado si es que deciden no buscar otras informaciones sobre lo mismo. Los periodistas deben no solo describir los hechos sino dar a los lectores, espectadores, oyentes, las herramientas, los mecanismos necesarios para comprender lo que subyace detrás de lo que se ve. A la hora de publicar una noticia no sólo interesa lo que vemos, que habitualmente no sirve para entender lo que está sucediendo. Es el trabajo del periodista investigar las causas, la conexión con el pasado y contextualizar el hecho. Sin opinar si está bien o mal, eso lo hará el lector.
Internet ha revolucionado el mundo de las comunicaciones, de las relaciones, y con ello también de la información. El periodismo ciudadano es sin duda alguna un paso adelante, nos permite ver, oír, lo que sucede practicamente en el momento en que ocurre cuando otros medios están silenciados. Pero no siempre nos ayuda a entenderlo. Esto es lo que diferencia esta práctica del periodismo entendido a la manera tradicional (en medios más o menos tradicionales)
¿Colaboración ciudadana con el aporte de información en tiempo real? Sí. Sin duda. Para mi la información no es cuestión de minorías elitistas.
¿Periodismo ciudadano? Con matices. ¿Entendido como única fuente de información y dotado del valor de verdad absoluta? No.
Encontré La Historia de Paco (Larry Heinemann, 1988. National Award Prize del mismo año) de casualidad en una estantería en casa de mis padres. La literatura sobre la Guerra de Vietnam lleva un tiempo llamándome la atención, sobre todo desde que leí El americano impasible (Graham Greene,1955) y Nada y así sea (Oriana Fallaci, 1979). Así que sin leer la contraportada decidí darle una oportunidad.
Paco Sullivan es el único superviviente de su batallón, que desaparació (ni rastro quedó de él) una noche en la jungla. A Paco también lo dieron por muerto y no fue hasta varios días despues que las tropas médicas de Estados Unidos lo encontraron, creyéndolo más cadáver que otra cosa. Cuando lo que quedaba del soldado estaba en el hospital de campaña, aún en Vietnam, nadie creía en sus posibilidades, ningún médico le auguraba futuri. Pero lo tuvo. Sobrevivió a aquello que ninguno de sus compañeros pudo evitar y también a la convalecencia. Ahora, en el tiempo en que sucede la novela, Paco está de vuelta en Estados Unidos, dispuesto a reincorporarse a la vida de civil. Nada más lejos de lo posible.
El narrador es uno de los compañeros muertos del batallón. Él nos habla de Paco, de cuando todavía ambos eran soldados, chicos recién salidos del instituto que eran envíados a Vietnam sin saber a dónde iban, obligados a convertirse en hombres o en muertos. Condenados a pasar doce meses entre palmeras y vietcongs por el honor de su nación, con suerte volverían a sus casas, con sus novias, tras esa angustiosa experiencia, pero ya no serían ellos nunca más. Y eso es lo que le pasa a Paco. No sólo está lisiado, no es sólo el dolor lo que lo atormenta. Es la pregunta de ¿por qué yo?, la cual también se hacen todos sus compañeros muertos. Son también las miradas de todos y cada uno de los vecinos de Boone, lo que dicen y lo que callan respecto a Paco. Y eso sin olvidar las fantasías que pueblan la mente de todas las chicas bien acomodadas con las que el ex-soldado se encuentra una vez en su país. Todas esas mujeres que ven en Paco un amante especial, imaginan como puede comportarse un tullido como él en la cama y se recrean en hacérselo saber con poco disimulo para luego temerle por ser precisamente como es.
La historia de Paco és un relato vivo, soez, descarnado, duro y sin complejos que nos habla no de los caídos en combate, los únicos que ya no tienen nada que decir, sino de aquellos que, como Paco, caminan en el limbo. No están muertos pero tampoco les queda nada por lo que estar vivos.
Anteayer me acerqué a la facultad a dejar unos apuntes en la fotocopiadora. Casi no había nadie en esos momentos. Los alumnos de grado estaban en clase (supongo) y sólo unas cuantas personas nos encontrábamos en los pasillos. En las pocas horas que pasé allí pude ver a varios alumnos todos convenientemente acompañados por sus padres. Se me hizo raro. Muy raro. Cuando llegué en el 2007 para empezar la carrera no vi a ninguno de mis compañeros siendo escoltado el primer día de clase, a casi ninguno que necesitara no estar solo al hacer los trámites de matrícula. Se me hizo raro, por tanto lo de esta semana. Se veía a los padres tan perdidos como a los hijos¿Quién acompañaba a quién?. Era extraño.
No sé si mis padres me han educado bien, solo sé que lo han hecho de la mejor manera que han podido, pero desde hace ya algunos años todos los trámites que me conciernen los tengo que hacer yo. No sé si eso es bueno o no. Pero es así. Desde los diez años tengo las llaves de casa,entro y salgo con libertad (a los diez más relativa, claro). Este verano, todos los trámites de la beca los he tenido que hacer yo: desde escoger a la empresa con la que organizar el viaje hasta solucionar los problemas-que yo misma creé-con el Ministerio de Educación. No es que mis padres no me atiendan, no se preocupen o no tengan interés por lo que hago, pero mis trámites son cosa mía. Es lo que me toca. Las citas del médico, pagar los cursos de verano....
Quizás todo eso me ha hecho crecer más desapegada de la figura de autoridad paterna pero eso no significa que les quiera, respete o aprecie menos. Simplemente es que mis problemas burocráticos tengo que resolverlos yo. Y fallando, haciendo mal los trámites, enviando, re-enviando, esperando con ansia los certificados, he ido peleándome con la Universidad, con el Ministerio de Educación, con la agencia este verano, con la escuela en Irlanda, pero siempre yo. Y espero que lo que he aprendido haya valido la pena.
Por eso me pregunto, si a estos chicos sus padres los llevan, los traen, se entrevistan con los profesores, les buscan los horarios, se encargan de ir a hacerles fotocopias y buscar las clases.... ¿Qué van a hacer cuando llegue Diciembre y no estén sus padres para ayudarles a soportar la carga de trabajo de todo el cuatrimestre? ¿Va a ir su madre a tomar apuntes a clase cuando la hija o el hijo enfermen, a cubrir sur horarios de prácticas? Puede que yo haya cometido errores al tramitar papeles, matrículas... pero al menos los he cometido yo, los he solucionado yo y no volverán a suceder... Eso al final sí es bueno. O eso espero.
Sonrío y enredo los dedos en tu pelo. Acaricio tu cuello con la punta de los dedos, me conozco de memoria cada uno de tus lunares.
Me besas.
Te beso.
Te estremeces.
Tus manos en cada rincón de mi piel, tu lengua rehaciendo el camino tantas veces recorrido. El corazón se nos acelera, tu aroma me embriaga, me enloquece, me hace temblar anticipando cada segundo por venir.
Me susurras al oído lo que quiero oír.
Sabes lo que me gusta, sabes como me gusta. Me enciendes. Sólo tú conoces el método para hacerme gemir sin pensar en la técnica y tampoco en el resultado, sólo en el proceso.
Antes de que termine la noche habremos perdido la cabeza y viajado miles de kilómetros sin movernos de la cama.
Tengo la piel de gallina, abro los ojos y suspiro. Al final yo nunca soy ella y tú; tú nunca eres tú.