Nada y así sea-Oriana Fallaci
Editorial:Noguer (sexta edición)
Año de publicación: 1979
Título original: Niente e così sia
Primera edición: 1969
Número de páginas: 323
Sipnópsis: La periodista italiana Oriana Fallaci parte a la guerra de Vietnam con una pregunta rondándole la cabeza, ¿Qué es la vida?. Eso es lo que su hermana pequeña quiere saber y acude a ella para descubrirlo. Antes de llegar a Vietnam Oriana no tiene clara la respuesta. A su regreso y tras la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de México en 1968 tendrá algo más que un diario de guerra para su hermana, tendrá una respuesta a la pregunta ¿Qué es la vida?
Extractos:
[...]-¿Ha leído a Camus? Me siento como el extranjero. Todo me deja indiferente, frío. Miro la guerra sin condenarla, la miro como un temporal perpetuo y contra el cual no se puede hacer nada. O, si lo prefiere, como un esquimal mira la nieve: el elemento natural en el cual vive.
[...]
-La muerte, ¿sabe usted?, tiene un valor relativo. Cuando es poca, importa. Cuando es mucha, en absoluto. Si se muere un niño atropellado por un automóvil en Roma o en París, todos lloran la desgracia. Si mueren cien niños aquí, todos juntos, a causa de una bomba o una mina sólo sientes un poco de piedad.
[...]
-Lo mio ni siquiera es resignación: es silencio. Todo lo más pensaré: me ha ido bien hasta hoy. En Vietnam es la actitud de mucha gente. El dolor es para nosotros un hecho obvio, no nos enfurecemos ante el dolor: tratamos de sobrevivirle y nada más. Vamos a bailar, organizamos fiestas, y peor para quien muere. ¿Comprende?
-No, no comprendo.
-No, no puede comprender.Usted ha venido aquí con su lógica occidental, con su escuela humanitaria:todos los hombres son iguales, la vida es hermosa y no hay que hacerse matar, etcétera. Ganas de hablar, tonterías. Aquí no sirve eso, querida mía, porque aquí se come arroz, no se come pan. Aquí el pensamiento no significa lógica. Aquí vida y muerte son la misma cosa.[...]
[...]
-No me pida que tome partido: no puedo ni quiero. Veo a mi país como a un enfermo al cual ha contagiado alguien. Pero como no está en mi mano curarlo, y acaso no curará nunca, no me importa saber quién lo contagió.
(Páginas 42-43)
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[...]Pero en el cielo brillaba la luna, esa luna que los hombres desan alcanzar para extender su grandeza. Y pensé en una frase que me dijo ayer François: "La luna es un sueño para quien no tiene sueños."
(Página 68)
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-Derek, ¿Por qué viniste al Vietnam?
-Por ningún motivo noble, puedes creerme. Después de la guerra de Israel volví a París. Y en París me aburría, eso es todo.
-¿Quieres decir que arriesgar la vida te hace sentirte más vivo?
-En substancia, sí. Me gusta el peligro. Cuanto más miedo me da, más me gusta. ¿No os ocurre lo mismo a todos vosotros?
-En el fondo, sí. Pero es desagradable.
-¿Desagradable?
-Triste. Lo he pensado mucho, Derek, y he decidido que es triste. Quiero decir que un hombre que arriesga la vida por algo en lo que cree, por ejemplo un vietcong o un marine, es un hombre admirable. Pero un hombre o una mujer que arriesgan la vida por no aburrirse no merecen ninguna simpatía.
-¿Por qué?
-Porque evidentemente son un hombre o una mujer con muy poco dentro.O menos de cuanto se imaginan.
-Acaso, querida, son sola y simplemente un hombre y una mujer.
-Acaso.
-Solos e infelices.
-Seguramente hay que ser de otra manera, Derek, para combatir la infelicidad.
-Depende de la dosis de infelicidad. Si es demasiada ya no hay deseo alguno de combatirla. Sólo de olvidarla por un instante, con un estremecimiento. ¿Quién ha dicho esta terrible sentencia: A veces quien lo ha perdido todo ha de perderse también a sí mismo?
(Página 161)
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[...]-Es la vida. A veces crees que dos ojos te miran y, en cambio ni siquiera te ven. A veces crees haber encontrado algo que buscabas y, en cambio, no has encontrado a nadie. Sucede. Y si no sucede es un milagro. Pero lo milagros no duran nunca.
(Página 214)
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-¿No sabes que las guerras se han hecho para divertir a los generales?
[...]
-Tenemos el juego de ajedrez, el juego del futbol y el juego de la guerra -insistió François-. Este último consiste en tomar centenares de millares de soldados , que no son soldaditos de plomo, sino jóvenes de carne y hueso, y regalarlos a los generales, que hacen juguetes con ellos. Y según lo que el general decida el soldadito se rompe o regresa a casa de sus padres en Nueva York o en Hanoi. La técnica del juego se llama estrategia y muy a menudo no depende de la inteligencia, depende de la mala digestión del general que hace los juguetes. Piensa en la primera guerra mundial, en Verdún. Hay un matarife vestido de general que una noche no duerme y en el insomnio decide atacar al día siguiente. Y al día siguiente enciende un gran fuego y arroja en él a los soldaditos de plomo y los funde todos.
[...]
-La connerie de la guerre, Felix. La estupidez de la guerra. Porque cuando el juego ha terminado, el matarife vuelve a su casa y le dan la Legión de Honor,la pensión vitalicia.
[...]
-¿Conociste alguna vez a un general valeroso?
-Una vez, en Corea. Se llamaba Walker. Era el único general que colocó el puesto de mando entre el frente y la base artillera. En su tienda se quedaba uno sordo y en su mesa se comía el peor pan del mundo. Porque la descomprensión del aire causada por los cañones impedía que el pan leudara. Es menester comer un pésimo pan para recordar que los hombres no son soldados de plomo. Y ni siquiera eso basta para absolver a un general.
(Páginas 229-230)
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[...]Nos íbamos al Caravelle, que tiene la terraza más alta de la ciudad, tan alta que desde arriba se domina todo: al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. En la terraza había sillas, mesas y los camareros con chaquetas servían whisky, helados, café. Exactamente como en Roma y en Nueva York. Los clientes eran norteamericanos, franceses, periodistas, diplomáticos, funcionarios que habían ido con sus esposas. Perfumadas, peinadas y en minifalda.
-Ça va, chérie?
-Darling, how do you do?
-Il faut, il faut que vous veniez déjeuner avec nous cette semaine!
-You must, you absolutely must have a drink at our place.
Y reían y bromeaban: parecía que estaban en el teatro. Pero estábamos en el teatro. La platea era la terraza del Caravelle y el escenario era Saigón en agonía. ¿Me explico? Tú estás ahí bebiendo whisky, tomando un helado y celebrando un vestido y mientras tanto miras a la gente que muere.
-Whisky and soda or on the rocks?
Y observas los Phantom que se lanzan en picado contra un barrio y luego arrojan bombas de miles de kilos, napalm.
-Moi je préfère de chocolat, 'pas de vainille.
Y observas los helicópteros que lanzan cohetes sobre un grupo de vietcong, ametrallan a un soldadito amarillo iluminado por la bengala.
-What a nice dress, sweety!
-Mira aquella bomba, allí. Ça, ya cayó, ¿ves las llamas?
Y las llamas se yerguen y tiñen de rojo el cielo de pez.
-Fantastic.
Un estruendo vomita otro estruendo, el aire tiembla.
-Extraordinary.
¿Cuántas criaturas están expirando, destrozadas por esa bomba?¿Cuántas casas se están hundiendo, achicharradas por el napalm? El horizonte era una hoguera a la derecha, y a la izquierda el horizonte un martilleo constante, y las bengalas caían sobre la ciudad como lenguas de Pentecostés,como estrellas de los Reyes Magos. Incluso más graciosas porque llevaban diadema.
-No, yo diría que parecen candelas en un pastel.
¿Sabes?, como los romanos que iban al Coliseo a ver morir a los gladiadores. ¿Sabes?; como Nerón, que pulsaba la lira cuando ardían las casas de los pobres. Porque son siempre los pobres los que pagan: la guerra cae sobre los pobres de la periferia, no sobre los burgueses del centro. Porque son siempre los gladiadores los que mueren, no los ricos. En Roma, en Saigón, en el Coliseo, bajo la terraza del Caravelle. Y como Cristo descendío a la tierra para enseñarnos a amar, está siempre la misa del domingo por la mañana para redimirnos con diez padrenuestros, diez avemarías, diez glorias y, ¿por qué no?, un requiem aeternam que diga así: "Padre nuestro que estás en los cielos, danos hoy nuestra matanza de cada día, libranos de la piedad, del amor, de la confianza del hombre, de las enseñanzas que nos dio tu Hijo. Porque no ha servido para nada, no sirve para nada. Para nada y así sea".
(Páginas 245-246)
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Tomé la bala y la examiné. Estaba bien hecha. ¿Quién la habría inventado? La inventó un hombre. Un día ese hombre con toda su paciencia y su sabiduría, su fantasía, su tecnología, calculó forma, peso, pólvora, velocidad, trayectoria, momento de impacto, y luego de tales cálculos hizo un dibujo, y escribió un proyecto, y ofreció el proyecto a un industrial. Y el industrial lo examinón con interés y llamó a sus técnicos, y les dijo que realizaran la bala a modo de prueba, pero en el mayor secreto para que otro industrial no le robara la idea. Y ellos lo hicieron. Luego todos contentos llevaron la bala al industrial, que la guardó como si fuese una esmeralda o un zafiro y dijo: "Ahora veamos si funciona". [...]De manera que ahí tienes esa fábrica llena de operarios que construyen balas, los buenos operarios del proletariado defendido por Marx y protegido por los sindicatos. Los buenos operarios que nunca tienen la culpa, la culpa es de estos industriales y de nadie más, los pobrecillos operarios no hacen sino cumplir órdenes, porque tienen que ganar dinero para mantener a la familia, comprarse el coche a plazos, ¿verdad? ¿Acaso tienen tiempo y manera para plantearse problemas morales?[...] Porque estas balas también las tienen los demás, y se hacen asimismo en Moscú y en Pekín, donde no manda hacerlas un industrial sino el Estado, que viene a ser lo mismo, y también los obreros son precisamente lo mismo, acaso todavía más diligentes, acaso más obedientes.[...]Quiero mirar a la cara al inventor, porque él es el más guapo, el más importante: su padre inventó la guillotina y su abuelo el garrote. Su padre fue un buen hombre, y su abuelo era un buen hombre y estoy segura de que él también es un buen hombre: un buen ciudadano, un marido fiel y un padre afectuoso. Y si vive en Chicago o en Nueva York o en Los Ángeles será también un cristiano muy devoto. Y si es católico, los domingos por la mañana irá a misa y los viernes comerá pescado. Y si está inscrito en la Sociedad Protectora de Animales escribirá cartas para protestar contra los estragos cometidos con las focas en Bergen y Halifax[....]. Y su mujer dirá que nunca se pondrá un abrigo de piel de foca. También quiero conocerla a ella. Porque deseo regalarle un collar hecho con las balas inventadas por su marido y decirle que lo lleve con la piel de foca, que es un conjunto armónico.
(Páginas 295-296)
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-Pensaba en Che Guevara y decía: dejo hombres para encontrar otros hombres, se desencadenará el terremoto en este continente, y yo estaré allí para ver. Pero Che Guevara ha muerto, lo hicieron matar mientras disfrutaban del sol. Y aquí no habrá ningún terremoto. También a ellos les ha tocado la piqûre.
-La...¿qué?
-La piqûre, la inyección. Es un antiguo fármaco inventado por los que están en el poder y usado ahora por los estadounidenses. Muy eficaz. Funciona siempre, funciona en todas partes. En Europa, en Asia, aquí...
-¿Has dicho fármaco?
-Sí. Y un centímetro cúbico, un milímetro cúbico basta para inmunizarte toda la vida.
-¿Inmunizarte de qué?
-De la revolución, de la desobediencia, incluso del descontento, del coraje. ¿De qué quieres que te inmunice?
-¿Y quién lo administra?
-La embajada norteamericana, la CIA, los sindicatos, los gobiernos, la Iglesia. Depende.
-¿A escondidas o legalmente?
-Legalmente, por beneficiencia. Todos los medios son buenos.
[...]-Pero ¿Qué es, François?
-Es un producto muy complejo y al mismo tiempo muy simple. Porque está compuesto de muchas sustancias y de ninguna: felicidad, salud, democracia, sindicatos, sexo, televisión, kleenex, jazz, dentífirco anticaries, flores de plástico, Holiday Inn moteles, la Luna. Sí, también la Luna. Nos desembarcarán y harán que olvidemos a todos los Moisés, a todos los Nguyen Van Sam.
-Por tanto, hace daño, envenena.
-¡Oh, no! Al contrario. Cuando has recibido un pinchazo semejante te sientes muy bien. Paralizada y feliz. Por lo demás, el sueño de los países comunistas ¿no es acaso suministrar el mismo pinchazo, la misma droga? En el fondo, el marxismo ¿no quiere llegar acaso a las mismas conquistas?
[.......]
-¿Qué es la vida, François?
-No lo sé. Pero a veces me pregunto si no será un escenario donde te envilecen de arrogancia, y cuando te han envilecido has de atravesarlo, y para atravesarlo hay muchas maneras, la del indio, la del norteamericano, la del vietcong...
-¿Y cuándo lo has atravesado?
-Cuando lo has atravesado, se acabó. Has vivido, sales de escena y mueres.
-¿Y si mueres de repente?
-Da lo mismo. Puedes atravesar el escenario con mayor o menor ligereza. No cuenta el tiempo que emplees en hacerlo, cuanta la forma de atravesarlo. Lo importante, por tanto, es atravesarlo bien.
-¿Y qué significa atravesarlo bien?
-Significa no caer en la concha del apuntador. Significa pelear. Como un vietcong. No dejarse degollar, no tumbarse al sol, no paralizarse bajo el pinchazo, no charlar por los codos y nada más como hacen los hipócritas y, a fin de cuentas, también nosotros. Significa creer en algo y pelear. Como un vietcong.
-¿Y si te equivocas?
-Paciencia. El error siempre es mejor que la nada.
(Páginas 319-323)